Incluso entre los mejores corredores de trail del mundo, el día de carrera suele depender de variables imposibles de controlar: el tiempo, el terreno, la fatiga, la recuperación y los innumerables factores invisibles que deciden si meses de preparación se traducirán en rendimiento. A veces, el éxito no llega al sentirse fuerte, sino al encontrar la manera de seguir adelante cuando la fuerza parece ausente.
Para Gabriella Lasalle, llegar este año a la competición Vertical fue un ejercicio de esa misma resiliencia.
Pocas semanas antes de la carrera, la joven atleta de montaña luchaba contra un virus estomacal que se alargó mucho más de lo previsto. Dos semanas de enfermedad la dejaron agotada, sin energía y dudando de si podría siquiera tomar la salida. La mañana de la carrera, competir seguía siendo una incógnita.
Sin embargo, cuando sonó el pistoletazo –en sentido figurado–, la duda dio paso al instinto. Lasalle escaló hasta una impresionante sexta posición en una de las pruebas más exigentes del fin de semana, con una actuación que hablaba menos de perfección física que de determinación. El barro hizo el recorrido impredecible y probablemente le costó posiciones valiosas, pero en las carreras de montaña la perspectiva importa. El contexto importa. Saliendo de una enfermedad, competir ya era una victoria. Terminar entre las mejores era algo más.
Lo más llamativo fue su análisis sereno después.
No hubo un relato dramático de superación ni intento alguno de exagerar el logro. Lasalle habló con ese pragmatismo tranquilo tan habitual en los atletas que pasan la vida en la montaña. El resultado fue bueno. Las condiciones, difíciles. El cuerpo respondió mejor de lo esperado. Y eso da satisfacción.
La carrera fue un paso más en una trayectoria que ya se perfila como muy prometedora. Lasalle se unió el año pasado al equipo de atletas de Nike ACG, una colaboración que describe como un punto de inflexión en su desarrollo. Aunque no llega a considerarse atleta profesional, ese apoyo ha hecho que esa posibilidad se vea más cerca.
Para los jóvenes atletas que recorren el incierto camino entre la competición amateur y el deporte profesional, la confianza de los demás suele llegar antes que la plena confianza en uno mismo. Los patrocinadores no solo aportan recursos: validan años de trabajo, progresión y potencial.
Habla abiertamente de que aún es joven, de que sigue aprendiendo y creciendo. Pero precisamente esa juventud hace que su trayectoria resulte tan atractiva. En una disciplina donde la experiencia y la paciencia suelen ser ventajas decisivas, ya firma actuaciones que la sitúan junto a la élite.
El apoyo de ACG es a la vez un estímulo y una motivación: una señal de que su progresión no ha pasado desapercibida.
Y quizá eso es lo que más destaca de ella. Hay ambición, sin duda, pero equilibrada con perspectiva. Cada resultado no se ve como un punto final, sino como parte de un proceso más largo. El futuro está por escribir, y eso es justo lo que lo hace emocionante.
A medida que el trail running sigue creciendo en todo el mundo, atrae a una nueva ola de atletas procedentes de disciplinas más tradicionales. Corredores de asfalto descubren los senderos de montaña. Ciclistas empiezan a explorar rutas alpinas. Escaladores incorporan el entrenamiento de resistencia. Las fronteras entre los deportes outdoor son cada vez más difusas.
Lasalle ha vivido esta transformación en primera persona.
Para ella, el atractivo de los deportes de montaña va más allá de la competición. Correr en la naturaleza ofrece algo fundamentalmente distinto a correr sobre asfalto. El terreno cambia constantemente. El entorno exige adaptarse. La experiencia es menos repetitiva y más inmersiva.
Actualmente estudia y vive rodeada de posibilidades al aire libre, y ha empezado a explorar actividades que complementan su carrera, como el esquí de montaña y la escalada. Cada deporte desarrolla habilidades distintas, pero todos comparten un lenguaje común: el movimiento a través de paisajes naturales.
Es una visión cada vez más compartida por una generación que entiende el deporte al aire libre no como actividades aisladas, sino como un ecosistema interconectado. Correr lleva a escalar. Escalar inspira a esquiar. Esquiar invita a explorar. Una disciplina abre la puerta a otra.
Tras años en los que mucha gente se vio desconectada de los espacios abiertos, la naturaleza vive un aprecio renovado. El tiempo al aire libre ya no se ve como un lujo, sino como una necesidad. La montaña ofrece reto y evasión a la vez: un lugar donde el esfuerzo y la soledad conviven. En ese paisaje, Nike ACG ocupa una posición única.
La marca lleva mucho tiempo en la intersección entre rendimiento y cultura, combinando innovación técnica con un lenguaje visual que se distingue de la ropa outdoor convencional. Durante la conversación, Lasalle reflexionó sobre lo que diferencia a ACG de sus competidores.
La innovación sigue siendo central, pero también la personalidad. Mientras muchos productos técnicos priorizan la discreción y la uniformidad, ACG apuesta por decisiones de diseño que hacen visibles a los atletas. Detalles distintivos, colores inesperados y una estética atrevida crean una identidad que va más allá de la pura función.
Curiosamente, los gustos personales de Lasalle son bastante sobrios. En carrera, se inclina por la sencillez. Siluetas limpias. Mínimas distracciones. La función, primero.
Aun así, aprecia el carácter sutil de los diseños de ACG. Un toque de naranja donde otros eligen negro o blanco. Pequeños detalles que destacan sin eclipsar a la atleta que los lleva.
En la montaña, donde la tradición suele dominar la cultura visual, esas decisiones cobran sentido.
Se ríe al hablar de algunos de los looks más atrevidos de otros atletas. Lo que al principio parece poco convencional a menudo acaba siendo influyente. El trail, como la moda, evoluciona mediante la experimentación. Las prendas que hoy parecen raras suelen convertirse en el estándar de mañana.
Un sexto puesto en una carrera Vertical no definirá la carrera de Gabriella Lasalle.
Si acaso, parece más bien un primer capítulo.
Lo más memorable no es el resultado en sí, sino las circunstancias: llegar tras semanas de enfermedad, dudar de si podría competir y descubrir la fuerza suficiente para rendir entre las mejores atletas de la prueba. Reveló una cualidad que las estadísticas rara vez reflejan: la capacidad de adaptarse cuando las condiciones distan de ser ideales.
Para una joven atleta que aún asciende hacia su máximo potencial, esa resiliencia puede ser tan importante como el talento.
La montaña premia la paciencia. Premia la constancia. Premia a quienes siguen subiendo aunque la cumbre parezca lejana.
Gabriella Lasalle parece entenderlo de forma instintiva. Y si esta temporada sirve de indicio, el ascenso no ha hecho más que empezar.


